Había vuelto de comprar unos panes y vi a mi madre en la
cocina terminando el aderezo. Me senté en una silla luego que le entregue mi
encargo, aguarde un momento para hacer la mesa. En ese momento ella se me
acercó entregándome una bandeja con lechuga.
--Sergio, ahora que estas aquí quería decirte algo—me dijo
indecisa—. Te retiro el permiso para la
fiesta de esta noche.
Mis cejas se levantaron tanto que mi frente no alcanzó su
recorrido, no sabía o me negaba a creer que me hablaba a mí.
--¿Qué… cosa?—a duras penas pude preguntar.
--Como has oído—. Sus palabras eran hielo—no es buena idea
ir. Lo siento, pero en otra será.
Refunfuñe, me quejé, objete, llame a mi abogado, me quejé
con la ONU y aun así ella no cambio de opinión, estaba convencida de no dejarme
ir.
--Haz la mesa y llama a tu hermano.
--Mami—le rogué, le imploraba—di que sí.
--No y punto.
--¡Pero a mi hermano si lo dejas salir!
--Él ya es mayor.
--¡Aun depende de ti y papá!
--No alces la voz peladito o quieres una tunda.
Ya no hice ninguna mesa, me fui furioso a mi cuarto ofuscado
y maldiciendo entre dientes, tenía coraje, al llegar al cuarto, tire la puerta
fuertemente, me tire en la cama y comencé a golpear la almohada con poco amor.
Poco después la puerta se volvió a abrir. ¿Será el espíritu
de la justicia que venía a impartir con su maso el merecido permiso que desde
hace una semana tenía? Y también venía con cien dólares por ser yo.
Era mi madre con la correa de cuero de mi padre, creo que me
viene a invitar a ce… ¡Zas! ¡Zas!
--Aguanta que no soy vaca—y por hablar dos ¡Zas! Más.
En serio esos sí que me dolieron.
--Si te dije que no es no, a mi te me dejas de malcriadeces.
Y bajas a comer ahora mismo—.
Mantenía en cinturón en el aire.
Mi primer impulso fue decir no quiero pero eso dolía, me
levante lentamente con mis palmas abiertas y ver donde estaba la correa para
prevenir cualquier ataque.
--Avanza o que me tienes miedo.
Llevaba tiempo sin portarme malcriado, ahora recordaba
porque.
Caminé con mucha prosa mientras pasaba a su lado y al salir
del cuarto no voltee, avancé rápidamente ahora que me sentía libre.
--Sin llorar—era mi hermano burlándose.
Una vez acaba la merienda con mi padre ya presente, hablé
poco y nadie comento mi pequeño problema, si, la fiesta a la que por derecho
legítimo debería ir.
Acabado los sanduches, los platos fueron mi castigo. De esa
manera calme mis aguas mientras oía a mi hermano charlar por teléfono en el
comedor <<Debes estar bromeando loco, no puedo creerte. Entonces esto ya
no es fiesta, se aproxima más a fiestón… y van todas toda ellas… no puedo
creerlo, allí yo estoy anotado de una entonces me pasas viendo>> colgó.
Gracias hermano, por personas como tú es que me dan ganas de
ser un rebelde son causa.
Acabado mi servicio, tragándome mis palabras y con ganas de
guindarlo como piñata a él; fui a mi recamara respirando profundamente.
Relajándome lo más que pudiese. Ya estaba, me iba a perder uno de los momentos
más épicos de mi adolescencia ni qué decir del apoyo que me daban las redes con
la gran cantidad de fotos y comentarios, mensajes, cadenas y y y quiero
llorar… No importa, lloverá y la fiesta
acabará temprano, hay espacio cubierto. Mejor me baño.
Hace quince días, al llegar del colegio le dije acerca de
esa fiesta, le expliqué todo como siempre y dijo que no habría problema alguno.
No sé qué le hizo cambiar de opinión en el último momento.
Todo era perfecto y
ahora iba a ser prisionero de mi casa, esclavo de las paredes y siervo de
claustro.
¿Qué le había hecho cambiar a opinión? ¿Por qué dejaba a su
hijo en la penumbra y no le daba un poco de libertad para disfrutar del viento
nocturno, de la música con un bajo que suene alto y un pasar un rato con los
panas? ¿Será que soy dramático, digo demasiado y estoy empezando a crear un
caos? Claro, caos, eso necesito, si mi casa se convierte en un caos me podré
ir. Lo tengo, fiesta espérame que allí voy.
Mi hermano se fue de las casa pasadas la 21 horas, luego de
darme sus condolecías dejándome ver una fotografía que me partió el corazón.
Yo ya resignado empecé a ver televisión, pero mi ventana me
llamaba, ella me gritaba, me susurraba el deseo que marchase a la épica y
majestuosa fiesta. Iba ser como cualquier otra fiesta, no sé porque tanto
escándalo… una fiesta con un dj extranjero que ganó un concurso en Bruselas,
unas 200 personas y no mencionaré las majestuosas instalaciones de la casa. Aun
así, no me perderé de nada.
Ya a las 22 horas con 12 minutos unas fotitos empezaban a
llegar. Se veía tan bien y los comentarios, es perfecto. Quiero llorar, llorar
y llorar.
Al carajo todo, yo me voy a escapar a más que me vuelvan a
dar con la correa y no me dejen de salir en un año, esta noche yo salgo. Abrí
mi ventana, planeé como bajar, nunca había notado la perfecta ubicación de mi
cuarto, tanto tiempo allí y era tan sencillo bajar sin peligro. Libertad,
hueles mejor que cuando me baño.
--Sergio—llamo mi madre a la puerta.
Estaba vestido, peinado, con una pierna afuera, no me iba a
creer que me iba a dormir.
--Abre la puerta por favor—me congelé en ese momento.
--No mami, no te preocupes ya no estoy enojado—dije mientras
me volvía al cuarto sin hacer ruido—
Espero que tengas una buena noche.
--Hijo tal vez me porte un poco exagerada, pero déjame
entrar por favor. No seas malo
--No te lo recomiendo madre.
--¿Por qué?
--Puede ser algo decepcionante lo que veas.
Se me ocurrió la idea perfecta.
--¿Qué haces hijo? Me estoy preocupando en serio ábreme la
puerta.
--¿En serio quieres saber?
--¡Sí¡ Ya deja el misterio.
--Conste, te lo advertí…
--Habla o tumbo la puerta.
--Me estoy masturbando.
Jaque Mate. Fiesta, allí vamos.
Solo dijo un leve “ok” y se marchó sin insistir más. Me mire por una última vez al espejo antes de salir. Mi plan era mejor que nunca, totalmente a mi medida. Iría hasta las 2 pasadas, volvería a casa y al siguiente día pediría disculpas.
Camine pegado a los portales evitando de cualquier modo ser visto hasta por los vecinos. Avance unas dos cuadras en esa fría noche que se iba calentar en cuanto al lugar predilecto llegara. Revise en mis bolsillos y noté que mi celular había dejado, bueno no había problema alguno.
De repente, dentro de mi alboroto note un error cometido. Me hallaba a unas cinco cuadras de la fiesta, debía andar por calles solitarias, autos pasando cerca de mí y la luz de los faroles iluminando mi lentitud al caminar.
Ya estaba a medio camino, no sé qué pensé al hacer el camino a pie. En la desesperación por irme la billetera también había dejado. ¡Que imbécil he sido! Solo pude avanzar presuroso sin dejar de ver hacia todos lados, previniendo cualquier incidente.
Algunas luces me cegaban por momentos pero no podía pensar en nada menos que no fuera llegar, mis pensamientos se volvieron turbulentos y mi corazón se agito. Creía haberme equivocado pero ahora no había tiempo para arrepentimiento.
Llegue ya casi a la última intercepción, vire hacia la derecha sin detenerme por un instante. Oí el ruido ensordecedor de una moto, y delatante mío luces azules y rojas, escuche el chillar de una llantas casi en mi espalda, no me atrevía a voltear, solo continuar.
--Deténganse allí—gritó una voz ronca.
Parecía que nadie hacía caso porque volvió a gritar. Un objeto metálico cayo pesadamente, unos pasos de la noche comenzaron su andar detrás mío, el crujir de un mejo motor junto a una bocina llegaron a mi oídos, yo continua casi corriendo sin querer voltear para atrás.
No hizo falta porque rozándome paso un hombre flaco como disparado por un cañón, la onda que dejó a su paso casi me hace caer. Una motocicleta policíaca y una patrulla fueron detrás de él y pasado unos segundos, la calma de mi andar volvió. Eso debió haber sido un presagio para que no vaya a la fiesta.
Ya estaba muy cerca, entraría, prestaría un par de dólares y me regresaría a mi casa. Eso sería lo mejor, si quería tener emociones fuerte esta noche, ya lo había logrado.
Finalmente llegue. Solo me tocaba cruzar la calle, oía la música convulsionando una verdadera fiesta, aunque la imagen de los policías y ese presunto criminal seguían latente en mi vista, mi cuerpo empezó a relajarse como debía ser.
Una vez en la puerta una sola imagen de lo majestuoso que allí dentro ocurría me hizo olvidar de mis incidentes en el camino para empezar a disfrutar esta histórica fiesta. Si me castigan, valdría la pena.
En tanto, tanto tiempo no me había sentido tan bien, todos mis compañeros allí se encontraban, el tiempo que estábamos pasando excelente, así como Mercury cantando don´t stop now ´cause I´m having good time… mi cuerpo solo podía pensar en seguir el ritmo de la música mientras bailaba con una chica que a cabo de unos minutos había conocido.
Estaba tan bien el ambiente que lo único que se podía pedir era bailar y bailar hasta que el cuerpo aguante.
Ella me miraba con cautela mientras sus caderas seguían un vaivén rítmico muy bien practicado. Yo al principio no le hablaba mucho, solo cosas básicas pero en un descuido, por dos vasos de con vodka y un grito por pedido del dj; ya le hablaba cerca al oído mientras se reía sin detenernos nunca de bailar.
Coloco sus manos en mi cuello y en un silencioso juego yo
--¡La Policía!—gritaron. Regrese en mí y lo que estuvo a punto de pasar tuvo que esperar un momento.
Voltee hacia donde venía la voz pero nada parecía ser cierto. Todos seguían en su andar de fiesta, nadie se mostraba preocupado por lo de la edad y el lugar equivocado. Aparte de eso, la música en ningún momento se detuvo ¿Sería paranoia mía? Ella me miraba totalmente confundida y yo avergonzado que mi reacción imprudente la había puesto impaciente a ella.
Creía que debería seguir en lo mismo aunque me sentía inquieto, ya ni bailaba bien.
--¿Qué te pasa?—me pregunto decepcionada entre el ruido.
Solo me pude alzar los hombros y decirle: “Nada, creí haber reconocido a alguien que no veía hace tiempo, discúlpame.”
Y traté de calmarme pidiéndole que me acompañara hasta la barra, luego de un sorbo de agua nos quedamos conversando un momento calurosamente. En eso, alguien se colocó junto al bar donde estábamos, se lo veía cansado. Su rostro no era nadie que haya visto jamás pero su ropa tenía algo especial, si algo había que me llamaba la atención… no debería ser nada.
La música se detuvo, de golpe y sin previo aviso. Entonces una voz ronca, una voz peculiar hablo por lo parlantes. “Buenas noches jóvenes, mi nombre es Sargento Alberto Salazar, miembro de la policía nacional. Pido la calma de todos los presentes y su colaboración, quiero su total colaboración. En este momento junto a ustedes un prófugo de la justicia se haya entre ustedes. Hay miembros de la policía por todas partes, el prófugo esta vestido con una camiseta estampada color café, no quiero que se desesperen que lo atraparemos”
Era la misma voz de la calle y ese hombre, si ese mismo hombre era el que huía de la policía que paso corriendo a mi lado. ¡Oh, no! La respiración se me cortaba, nadie decía nada, todos e miraba entre si y el disimulaba ser inocente. Era mi oportunidad de ser héroe ¿Quería ser héroe? ¿Qué ganaría si todo saldría bien y que perdería si cargaba un arma? La valentía es de grandes, yo soy valiente.
--¡Es él!—no fui yo, no fui yo, fue otro que no pensó en riesgos y señalo sin preocuparse de algún problema.
El hombre no se inmuto, simplemente, metió su mano por la espalda y cuando note apuntaba al aire un revolver brillante. Disparó dos veces y empezó con amenazas pero nadie las oyó, esta sabana de animales dentro del lugar, se alteró ante un peligro mortal.
Como gacelas asustadas, animales despavoridos corriendo de los depredadores en su momento de caza. La angosta puerta fue un caos tremendo, los policías no podían controlar la situación, la voz de los parlantes pedía calma y daba órdenes en código a sus oficiales para atrapar a ese hombre.
Me quede solo entre la muchedumbre, no huí hacia donde todos iban, me aleje de la multitud hacia la oscuridad del jardín, cerca de la casa por una bodega, todos corrían y gritaban, el caos estaba plantado y la mayoría había perdido su razón para dejarse llevar de las emociones que lo llevaban hacía la reacción huida.
Otro disparó se escuchó pero este no fue al aire, o eso creía.
Sentí que una mano me empujo hacía la casa y un objeto frío me hincaba la espalda. “Tú me sacarás rápidamente de aquí.” Me dijo el fugitivo que si me vio. Avanzamos rápidamente por la oscuridad de la cocina hasta llegar a la sala que más parecía un salón de banquetes. Allí estaba la entrada principal a la casa, me llevó hasta allá y me obligó a salir. En contra de mi voluntad lo hice, y al hacerlo me cegaron las luces altas de las patrullas y otra voz me ordenó alzar las manos. Lo hice pero detrás de mí entraron a la casa unos oficiales. Oí unos cuantos disparos y cerré los ojos.
--Vete a casa—me dijo una voz que salía de casa—no puedes ser héroe porque eres menor y estas infligiendo la ley al encontrarte rodeado de alcohol. Vete.
Y claro que salí de allí corriendo apresurado a llegar a casa, nuevamente mis apresurados pensamientos no me dejaron razonar y tome una calle que me alejaba más. Sí, todo el alboroto en la paralela tenía sus repercusiones hasta esta calle donde pasaban en taxis, caminando o en autos todos los participantes de la inolvidable fiesta.
No podía ocultar mi agitación, ni tampoco mucho mi desesperación por llegar a casa. Ya la noche era sombría y ocultaba en cada esquina una sorpresa para mí. Lo que quiero es llegar a casa, sentirme seguro, pedir disculpas, y arrepentirme. Fue una mala idea, desde que note la ausencia del celular sabía que no debía hacerlo, debí haber vuelto. Me siento en medio de la nada estando tan cerca de casa.
Toda calle se hacía más larga de lo común. Ya estaba a menos de cincuenta metros y allí ya me eche a correr. No había nadie y se sentía el tumulto de la fiesta. Ahora era libre, si llegue a casa. Finalmente, sentía el cristal de mi ventana y una brisa de tranquilidad recorrer mi cuerpo. También sentí como un objeto se acercaba. Yo solo entre y caí sobre mis rodillas alegre por estar a salvo. Alce los brazos y sonreí por mi integridad.
Entonces, un carro se estacionó frente a la casa, debía ser mi hermano pero una sirena me hizo levantar para ver que era: una patrulla. Un oficial se bajó y encamino hacía mi casa. Se escuchó el timbre una vez, una segunda vez, una tercera vez. La puerta del cuarto de mis padres se escuche cuando se abría, mi madre le comentaba a mi padre confundida que porque la policía estaba allí.
Bajaron las escaleras y la culpa me comía por dentro. Sí, que me castigaran; me lo merecía en todas sus proporciones.
Salí de mi cuarto apresuradamente, para alcanzarlo antes que abrieran la puerta, ambos quedaron sorprendido de verme allí y verme vestido así.
--Madre, juro que yo no hice nada más que estar en el lugar equivocado en el momento incorrecto—suplicaba mientras me ahogaba--. Soy inocente, más bien un héroe. Pero eso no importa ahora. Cuando abran esa puerta, sabrán mi verdad y juro que aceptaré lo que ustedes me impongan siempre y cuando sea la verdad. Ya no quiero mentir y hacer más engaños. Fui a la fiesta sin permiso.
El timbre volvió a sonar, mi madre se me acercó los brazos abiertos y lágrimas en sus ojos, “Me alegro que este bien” me dijo.
Mi padre mientras tanto abrió la puerta, vi al oficial y a su lado a un civil.
--Este es su hijo, estaba alterando la paz en la vía pública.
Fin.