Con una pizca de atrevimiento en una hoja de inocencia se desliza una pluma pícara con su tinta lista. Se tiene mochila de cuero y ropa que se adapte a la época. También hay una mujer para contar las hazañas y un confidente silencioso por miedo.
Cientos de personas andan entre los pasillos buscando una voz. Hay todo tipo de gentes, de la nobleza y de la peor calaña, hay buenos, hay malos pero solo una persona importa. Se arrincona en sus propios recuerdos nublosos, entre harapos e insultos. Ya nada le importa, más que seguir andando. Sola como llego, sola como sueña. Sola esta su alma, y en esa marea de humanidad, sola ella está.
Su propia compañía en las noches, mientras se busca ella misma y a nadie más, y en las noches disfrazadas de soledad el mundo la ha dejado atrás.
Deambula por los corredores mirando el cielo o el tejado, al árbol de crispe o algarrobos, llora a veces sin notarlo, no ríe, no canta, ella no es nada. A duras penas sus cabellos se asoman grotos de misericordia para quien escucha el viento lentamente, como las pequeñas voces de los grillos en diciembre, perdiéndose entre hojas.
Mientras sigue sentada, en la entrada del sur, por el portón de pilares arándanos entra él. Vestido mejorcito que el resto de gente, no me refiero a lujos, me refiero a que su camisa hecha con retazos no muestra huecos, sus zapatos no tienen ventanas, pero son grises y no negros, su pantalón rumoreado de ratas está un poco viejo. Su cara sucia, su cabello puerco y sus manos limpias, limpias de aceite.
La antítesis de ella que reemplazaba todo lo que a ella le faltaba, entre ese nada de palabras, mostraba su sonrisa algo pérdida, como un foco tambaleante, se apagaba y se encendía, sus pestañas no eran más largas que su nariz, pero demostraban la negrura de su ser, y sus ojos zigzagueantes, mostraban un toque de locura medio cuerda, escondida en sus pensamientos más profundos. Lo que aquel hombre había observado en su destierro, aquellas noches abrazado por un cielo muerto, por montañas de lodo y caminos de indecencia, lo había convertido en parte de este lugar, al volver ya no cabía en el la idea de una vida, un ambiente sano o la palabra derecho, se había convertido en un extraño ser de pocas palabras.
Caminaba sin fijar a donde iba, a veces tropezaba y otras veces se caía. Su indiferencia hacia este mundo lo volvía más frío a la calidez del viento de verano, sus constantes pisadas se perdían entre la multitud de almas entretenidas en visiones de ignorancia que no van más allá de sus propios brazos. Sus errores, sus fallos, su maldad y su frío ser, lo convertían en lo que tal vez era, un ser humano real.En su bolsillo derecho guardaba el único sentimiento que su alma podía emanar: un collar plateado sin su dije.
¿Qué significa? que aún estaba vivo entre tanta muerte, entre tanta rabia y entre tanta gente.
Eran los sonidos del bosque que nadie anhela escuchar los que habitan en él. Sus propios demonios lo mantenían vivo, y tenían por nombre sueños muertos. Se detuvo un momento algo cerca de ella, por alguna extraña razón, bajo la sombra de un árbol de capulíes se sentó. Sintió el sonido de las hojas reproducirse en ecos dentro de él, llamándolo a que se uniera a este canto eterno de oscuridad. Pero el tiempo cayó y el atardecer eterno se convirtió parte de esta lúgubre escena. ¿Qué puede ocurrir en tan inhóspito lugar a un hombre de humanidad extraña y a una mujer sola en eterna desesperanza? Son dos almas que nunca desearon encontrarse, nunca tuvieron presentes pensamientos de toparse con alguien más que no fuera consigo mismo.
Se detuvo para mirarle un momento sin explicar por qué. Sentía que era golpeado por el tiempo, que los segundos le caían encima, y la soledad venía, y desaparecería junto a ella. ¿Podría serlo? Pero más le pudo el miedo y la vergüenza que prefirió voltearse, el hablarle sería arriesgarse a otra tragedia. Ya todo le parecía una cuerda floja y él se sentía seguro de caer en cada momento. Sentía como el peso de su propio mundo lo asfixiaba delante de esa pobre diabla buscando consuelo, pero él no podía darle más que noches de amargura llenas de desgracia sin rumbo. Ella cual temerosa se acercó a él por un solo motivo, de los más primitivos al ser humano, el hambre. Aquel árbol con frutos ya algo dañados podrían calmar su sed, su hambruna. Le entrego un dulce capulí porque lo sentía cansado.
El toque tembloroso de una mano en su hombro lo hizo respirar una vez más. Volteó y unos ojos menos oscuros que los suyos, se grabaron en su memoria como la cicatriz del accidente que jamás deseaste tener. Entre siseos y una lengua seca, la mujer pudo llevar a cabo su cometido, no recibió un cumplido, ni una palabra, un bufido y unos suspiros fueron la aceptación de su ofrenda. Pero el hombre asustado no pudo continuar allí, tenía miedo. Se levantó y caminó presuroso entre la nada para alejarse de todo y volver a quedar solo "¿que ha sido aquello?" se preguntaba para sí mismo solo pensando en huir. Pero en su bolsillo noto la ausencia de ser tan preciado haciéndole volver donde ella le miraba con sus labios humedecidos. La soledad pesaba menos, los días pesaban menos. La noche sentía la ligera ausencia de un alma buscando un atajo, y se detuvo un momento para presenciar las palabras que nunca antes se habían cruzado.
--¿Lo has encontrado?--dijo él más al viento que a ella.
--Quería que volvieras a buscarlo-- susurró entre sus propios dedos.
--No se me ha caído entonces, tú lo has tomado de mi bolsillo--. Se lo notaba enojado pero dio un breve respiro, sin notarlo se había ruborizado.
--Pasó por mi vista, centelló ante mis ojos ¿Qué más podría hacer? ¿Qué haces cuando una estrella cae entre tus ojos?-- Sus manos dejaron de temblar y el aroma de su voz olía agridulce para el alma.
--Las estrellas son absurdas luces del cielo, si entre mis manos cae alguna, destruirla debo. Devuélvemelo...--su voz quería ser fuerte pero ahora él temblaba.
--Si esta estrella quieres destruir, me la quedaré yo. No mereces un ser tan amable para un alma tan poco fiable-- resguardó sus manos en su pecho en señal de protesta. Solo se miraron unos segundos más.
Se encuclillo ante ella y por primera vez le miró a los ojos. --Si para mí la vida tiene algún sentido, es lo que en tus manos posa. No me hables de alma o de moral, mejor háblame de aquellas cosas que con el tiempo y la distancia, yo he aprendido a olvidar.
Ella dio un leve suspiro, luego habló con fervor.
--Háblame del sentido que descansa en el valor de este objeto. Háblame de lo que olvidaste, porque seré una extraña que jamás olvidarás-- Desprendió de su alma sus manos y dejo que la luz de la luna los iluminará.
El sintió algo llamado confianza, y sin miedo se sentó a su lado, hablaba mirando al aire y moviendo sus manos suavemente. --No es un objeto, eso es insultarlo, lo que en tus manos posa es un secreto, contártelo dejaría de serlo. Mejor te hablo de lo que olvide. He olvidado de dónde vengo, he olvidado quien soy y peor aún he olvidado a que he vuelto, creo que nunca he nacido, me mantengo en estado limbo pero después de todo lo que he visto, me siento más deseoso de seguir caminando porque siento que al detenerme el tiempo me alcanzará haciéndome presa del envejecimiento y la faltad de poder.
Ella lo miraba, no sabía si era la luz de la luna, la falta de amor, o un brillo que él despertó en sus ojos. Seguía cada movimiento, cada mirada, cada espacio de su ser, vibraba por más palabras, pero él ya había callado y ella todavía añoraba a su propio aliento que se había escapado.--¿Y a dónde planeas llegar? El mar y las estrellas que tanto odias es tan más cerca que el
olvido que deseas encontrar. Puedo acompañarte hacia la Luna porque no hay lugar mejor para dos bajo que la sombra fiel de ella.
No respondió en seguida, meditaba mientras su corazón se aceleraba, aquel sentimiento revoloteaba en su pecho, algo esquivo hace años, era una confusión de ciencia pero este hombre era débil sin su collar plateado.
--Yo no quiero ir a la luna, allá es más frío y la soledad más constante, yo quiero regresar a ser el niño que se perdió por la calles de Rolería mientras comía una manzana verde, quiero volver a aquel día donde no regrese a casa-- una lagrima vago lentamente por su mejilla.
El silencio reinó por un momento entre los dos. Lo único que se escuchaba era el viento siseándole a los corazones que dejen de golpear tanto al alma. Ella cerró los ojos, intentando ocultar la tristeza y la estupidez que sentía dentro. No era más fuerte que él, apenas conocía a este hombre, o más bien, a esta alma de niño pérdida entre los años de paro.
--No sé si podamos encontrarte, peor podremos buscarte en los rincones que nunca visitaste, porque ahí es dónde van los miedos y tras eso se esconde la verdad. Esa verdad que perdiste cuándo ni siquiera sabías sumar. No soltaré este collar, hasta que los dos encontremos lo que buscamos.
--he aceptado lo incambiable del pasado, esta noche busco una razón de existir, algo que me diga porque estoy vivo aun luego de haber sido herido tantas veces, yo busco vivir... pero ¿Qué busca usted?
Se levantó y miro alto, más alto de lo que nunca había visto, caminaba como si en el cielo estrellado buscaba algo.
--Creo que son suficientes secretos entre dos extraños por una noche. Usted recuerda estos recintos como un sentimiento propio de estupidez, permítame guiarlo hacia el mañana, podrá conocerme mejor entre paredes de día.-- Sin esperarlo, se dirigió hacia delante.
--Antes que amanezca quiero que lo veas, es otro secreto mío pero si me atrevo a contártelo, te acompañare en la senda del siguiente día pero mira al cielo y ve lo que una noche mientras mi huesos se congelaban pude ver.Era Hermoso, estrellas de colores: verdes, naranjas y celestes, imposible verlas de reojo, solo quien se queda unos segundos viendo al cielo era capaz de deslumbrase con tal belleza cuyos puntos forman una flor.
--¿Te gusta?
--Parece imposible hasta en los sueños de quién lo podía todo y no lo quería nada.El viento sopló una vez más en dirección contraria al rostro alzado de la muchacha, y pudo notar su tez blanca aporcelanada, con señaladas cicatrices de un ayer que tal vez podrá saber.
Él quedo impresionado ante la belleza de aquella mujer, ni el cielo encantado de colores era suficiente como tener la infinidad de hermosura que en aquel rostro había. Aquel hombre sonrió inconscientemente por primera vez en mucho tiempo.
--Yo contigo ya no deseo soñar más, llévame por el camino que has mencionado antes, pero si te acompaño, déjame al menos cuidarte.
--Me he detenido a tus órdenes, ahora avanzaremos por las mías. La belleza que me has mostrado no tiene pago, pero el secreto de una vida, tal vez sirvan con los intereses acomodados por el té. ¿Le parece justo?-- Sonrió de medio lado, observándolo de pies a cabeza y no encontraba explicación para confiar en este hombre, pero en su alma, tampoco quería buscarla.
--Totalmente justo--replico secamente. --Ya todos los bancos han quebrado, no hay deudas por saldar ni cuentas por llenar, solo un camino a seguir, camino que vuestra merced, me ha de mostrar-- el dio el primer paso hacía al frente, encantando como a un largo amanecer, no le dejaba de ver a los ojos.Con el tiempo aprendió a ver por ellos a las personas porque muchas palabras en su vida habían sido falsas.
El camino parecía largo y cansado, pero el tiempo se alargaba unos segundos más, para entender lo que estaba pasando, lo que estaba sucediendo, tal vez no ocurriría en otros 1000 años. El silencio era lo que más compartían pero no por falta de palabras, si no por abundancia de pensamientos y sonrisas entrelazadas entre cabellos ajenos.
--¿Hace cuánto tiempo te estás buscando?-- pregunto ella.Aquel hombre veía con cierto recelo algunas veces sus collar que ella se había colocado sobre su cuello, luego alzaba la mirada y le veía a ella viendo hacía donde se dirigía. Él, será por descuidado o olvidadizo tropezó cayendo en un pequeño lago frío.No pudiendo alcanzar a responder su pregunta.
Entre una risa y un lamento fue a socorrerlo. Él, avergonzado, rechazó su ayuda, el agua era tibia por el amanecer que se acercaba lentamente y prefirió levantarse solo. Pensó que era cosa del destino, del universo, o de sus propios pensamientos advirtiéndoles sobre esta muchacha pintada con nieve. Pero antes de tirar la toalla a lo más profundo del lago, ella profirió --El amanecer es más hermoso de esa manera, reflejado en el agua. Si querías
verlo pudiste haberme avisado.
Él no estaba de ningún modo enojado ni se quejaba, sonreía de oreja a oreja tanto que le echo un poco de agua a ella haciéndole mojar. Está contento ¿por qué? --Me perdí el día en que deje de disfrutar las pequeñas cosas. Si el amanecer es bello como dices, ven y disfrútalo junto a mí, aquí. Si te de frío, no te preocupes que te cobijo-- le extendió el brazo.Aceptó la mano del hombre que le recordaba a las madrugadas de rocío en el campo. Sonriendo aclamó el tacto del agua con su piel reseca por el sol y los vientos que habían golpeado hace varios días. Sonriendo con un extraño que hace poco conocía, pero sentía que ese tiempo había pasado ya dos vidas desgastadas sin buscarlo, o sin que él la encontrará.
Él la acercó un poco y le susurro al oído --Ya los primeros rayos de sol se asoman, me has dicho que el amanecer en el agua es mejor pero hay algo que no sabes--. En ese instante él se colocó detrás de ella y con gran suavidad tomándole de la cintura le sumergió en el agua.
Ambos quedaron debajo, ella con los ojos abiertos mirándose el uno al otro, ella, con sus cabellos que parecía irse se veía cada vez más hermosa, lo que había dicho de ella y el día se estaba convirtiendo en una realidad absoluta.
Pero no la bajó allí para verla, la puso allí para ver el hermoso espectáculo que ante sus ojos se colocaba. Ondulantes auroras policromadas de mil luces viajan por el agua y parecían que los tomaban.
El nadaba hacia delante como si siguiese los colores jugando con la luces.
Dos espectáculos se formaban ante sus ojos ese día, en que las caídas se transformaban en estrellas, pequeños errores hermosos, que decoraban el cielo. Ella lo perseguía intentando formar con las pequeñas sombras entre sus manos, hermosas figuras deformes pero que antes sus ojos eran arte, volvió antes de que se ahogará entre tanta exaltación y como se formaban hermosas paredes de cristales líquidos, sonrió al ver como ese extraño sin nombre volvía hacia ella con ojos de añoranza, esa misma añoranza que ella tuvo años atrás, pero los sentía como si fueran vidas.
--¿te ha gustado el show?--su voz estaba ahogada y rápidamente recuperaba la respiración. --Aunque la caída fue accidental, me has hecho recordar este momento bello, he recordado dos cosas y todo por estar contigo. Se le acercó un poco más sintiendo un frio viento en su espalada abrazándolo --Ahora me ha dado frío.
Se acercó un poco más y fue a ella quien abrazo mientras sus labios suavemente temblaban.
--¿Cómo fue que empezó nuestra historia? Disculpa,
ni si quiera hemos tenido mucho que contar-- Se sonrojó instantáneamente, sin
sentir nada más que una calidez que a pesar de reemplazar algo el frío, no
pensaba en alejarse del torso que la estaba abrazando.
--Bajo un árbol de capulíes, donde un descuido
mío me hizo atrever a volver por ti. Comienza con el miedo puesto en segundo
plato y de plato fuerte un motivo para continuar juntos. EL resto han sido
maravillas tras de otra y la maravilla más grande eres tú.-- se acercó aún más
sintiendo la respiración de ella apresurada y algo temerosa. Él sonreía a verle
tan bella, tan deslumbrante.Sus cabellos deslumbraban ante la luz del Sol, y sus ojos se empañaban por la falta de sueño que habían tenido, y solo deseaba descansar en sus brazos, y saber que al despertar él estaría ahí. Sin importar cuanto tiempo pase.
Él se aferró a ella y le atrevió a robarle un respiro con un beso. Allí húmedos y algo fríos el calor no lo daba el amanecer, lo daba el ferviente sentimiento de un renacer enmarcado a un beso que lo hizo a él tocar la gloria y sentir la vida, lleno de sentimientos, lleno errores pero en su mente todo lo malo se iba yendo quedando al final solo ella.
Si te agrado y quieres seguir leyendo de mis contenidos aquí te dejo un poema que te puede gustar: Lluvía

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