lunes, 6 de octubre de 2014
Ausente.
Escucho al cielo cantarme dormido
Y siento tu aire, tu voz, tus latidos.
Me pierdo un día en cripta temida
Estas en mi espalda, estas escondida.
A donde yo voy, tú no has ido
y como dice monseñor:
--no hay ni muertos ni vivos--.
Piras de dolor a cada costado,
Mientras escuchas el sermón
de mí, con tus antepasados.
Noches de lodo y días de tráfagos.
¿Como haremos cuando nos perdamos?
¿Acaso piensas seguir jugando?
Jugar con mi memoria, jugar con el café
Amante de la vida ¿Juegas también con mi piel?
Detente ahora pizpireta,
Mira como creo algarabía
Un infierno para tu gloria,
Un mañana sin amanecer.
Si no regreso, no significa mi muerte,
Si no regreso, significa mi ausencia.
Ausente de ti y de todo
Ausente del mar y del lodo.
Ausente de aquellos que viven en rocas.
De todo, para todo y por siempre;
estaré ido quizá hasta mi muerte.
Escucha el silbido de un poeta lacerado
Que en la guerra de las palabras
No he muerto por enamorado
Sino por miedo a ser amado.
Un poema más romántico, menos soñador pero igual de encantador: Vuelve
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